JOSE DAVID APEL
 
< Pareja pinguina >

Unas de las leyendas transmitidas de generación en generación dentro de la comunidad de los “Argentos”, unos extraños seres que habitaban en lo mas recóndito del universo, ubicados en la galaxia “Avigeatum”, cuenta que toda su tierra estaba dominada por una pareja de animalejos parecidos a dos grandes aves sureñas, cual si fueran pingüinos emperadores. Ellos, hacían y deshacían a gusto y placer de sus pensamientos todas las acciones, que en caso de haber sido un régimen democrático real, les correspondían a la libertad de cada una de los seres que habitaban el lejano planeta.

La tierra en la cual habitaban era majestuosa, repleta de montañas encumbradas que vertían desde lo mas alto los deshielos que corrían por las grietas y formaban enormes cascadas espumosas, de allí el fluido incoloro se dirigía al verde y resplandeciente valle que circundaba aquellas latitudes, desembocando en estruendozos arroyos que eran la delicia de los oídos de aquellos mortales.

Las ciudades eran comarcas, de casas bajas y semicirculares, confeccionadas con la madera de los altos pinos que rondaban toda la extensión de la comuna. El paisaje metropolitano era uniforme, excepto por un detalle ineludible: la monumental mansión que se habían construido la pareja de pajarracos, la cual era descomunal. Su fisonomía tenia columnas construidas con un material parecido al de los marfiles de los cuadrúpedos reyes del conocimiento animal en nuestro planeta, sus ventanales de vidrio se disponían a los costados de dichos cilindros blancos, el piso era de mármol y el techo de un opaco color negruzco. La casona tenia dos plantas. En la primera se encontraba el gran salón de recepción, en donde realizaban suntuosas fiestas y encuentros con los subordinados en la dirección del comando de la galaxia. Ancianos sabios, quienes estuvieron en uno de esos tantos agasajos contaron a sus nietos que  a un lado del recinto se encontraban dispuestas 4 puertas, cada una de ellas llevaba a una dimensión diferente dentro de nuestro planeta tierra. Todas tenían carteles tallados en madera que expresaban el nombre y la dirección hacia donde se dirigirían en caso de traspasar el portal. La primera, en su parte superior tenia un cartel que con letras góticas decía: “Sé parte del pueblo oprimido en el planeta tierra”. La segunda: “Forma parte del pueblo dominante”. La tercera: “Simplemente se un sudaca”. Y la cuarta y ultima expresaba: “Forma parte de quienes manejan los destinos de las almas de los seres humanos”.

Relataban los viejos, que en una de las reuniones, el gentío se encontraba reunido deglutiendo canapés de “triturones” (unos mamíferos dientudos que habitaban las profundidades de los arroyos que circundaban la comuna), cuando de repente el pingüino macho alzo la voz ante los presentes y al grito de: “Cheñores y Cheñoras a partir de este momento mi adorada esposa y yo traspasaremos los confines del destino, nos internaremos cada uno de nosotros en puertas diferentes que ustedes observan a uno de los costados del recinto, elegiremos cada uno de nosotros una de ellas, tomaremos su picaporte y sin mediar mas palabras ni actos nos internaremos en ellas dejando al libre albedrío del destino y el azar nuestras inmensidades”.

El gentío expectante pedía a suplicas que no atravesaran las puertas, que podía ser muy peligroso, que podía ocurrir que nunca mas regresaran a su tierra de la galaxia “Avigeatum”, algunos se derrumbaban en sollozos interminables, generalmente eran aquellos que habían amasado fortunas gracias al accionar de la pareja de aves picudas, frías y malolientes, sin embargo el plan pergeñado por los comandantes del reino “Argentum” era ineludible, ninguno de los dos iba a dar un paso atrás, estaban convencido de lo que harían y no claudicarían ante las influencias de la comitiva reunida para dicha ocasión.

Así fue que ambos pidieron permiso para retirarse a su cuarto matrimonial, se fueron despojando de sus lujosas ropas, e hicieron el amor desenfrenadamente durante más de una hora.

Producto de aquella copulación, dos hermosos huevos blancos resplandecientes emigraron del upíte de la comandante hembra. Los envolvieron en mullidas frazadas del color rojo de la revolución y los acomodaron tibiamente en uno de los costados de un oscuro armario que se encontraba empotrado en la pared del poniente. Se despidieron de ellos con un beso y la hembra les dijo esperando que desde su interior el “feto” escuchase: “Sigan nuestro camino, el poder es el destino de nuestra familia”. Ambos con lágrimas en los ojos dieron media vuelta y bajaron la escalera que los conducía al exuberante salón. Desalineados y despeinados las aves presidenciales saludaron con un insidioso: “Sean libres por un tiempo, ya emergerán los reyes de reyes, los conquistadores de la tribu del mal” y cada uno tomo una de las puertas.

El ave hembra se dirigió raudamente al portal que la llevaría a ser una “simple sudaca”, el macho por el contrario accedió al portal que lo convertiría en un “dominador del alma de los mortales en el planeta tierra”.

Se traspolaron durante el trayecto que los condujo a la tierra, la hembra paso a ser la dominadora de las almas y el macho un simple sudaca, pero con el poder de la hembra lo convirtió en un hombre de incalculable poder. Aterrizaron en un país del sur de America Latina y con el paso del tiempo se convirtieron en la flamante pareja presidencial de aquel vasto territorio…

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