JOSE DAVID APEL
 
< Insomnio >

El insomnio acecha mis pensamientos, me turba, me muele, me desgarra el interior de mis neurotransmisores, me deja paralítico y no me da lugar a poder reaccionar ante mis impulsos.

Me siento tranquilo, aunque sin embargo estoy inquieto y desalmado.
No encuentro refugio en la tranquilidad del mar que puedo observar por mi ventana. Las olas danzan el endiablado compás de la marea, que no se detiene, ni se detendrá. Seguirán su ritmo enloquecido por mas que mis suplicas de que dejen de romper sus inexpugnables olas contra las pedregosas y ásperas rocas que circundan por la margen oriental de la límpida arena, sean manifiestas y desesperadas.

Tengo temor de que el brillo del sol en el naciente me encuentre desvelado, enloquecido y apesadumbrado, porque nuevamente no he podido encontrar el sueño reparador que calmara mis ansias de muerte.

La luna no fue capaz de darme su guiño y expresando su escondida ausencia entre los nubarrones que se encontraban en el firmamento parecía querer jugar a las escondidas con migo. Ni las estrellas jugaban con las galaxias lejanas, todo era oscuridad, todo era miedo...

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