JOSE DAVID APEL
 
< El Cáliz >

El laberinto que plantea el amor es complicado de recorrer e identificar los peligros que en él se suscitan.
El hecho de ser presos de la cruel verdad de saber que las manzanas caen en lugares difíciles de rescatar, por ejemplo, entre el asiento del acompañante y el del conductor… lugar en que la mano ingresa pero no logra salir con facilidad; introduciendo el brazo hasta la altura del codo intentamos la búsqueda del fruto prohibido casi inaccesible. Pero nuestro esfuerzo tiene frutos: la tomamos, e inmediatamente, comenzamos a tirar hacia arriba. Momento en el que nos llenamos de valor; pero… al llegar a la fina grieta que une la butaca del acompañante con la estructura plástica que divide ambos asientos nos vemos obligados a soltarla… es el fruto prohibido, o la mano…
No es fácil amar, todo amor propone resignar algo. El conjunto de ambos produce una fuerte explosión de fuerzas que son incompatibles en la mayoría de los casos. Para comprender tal problemática, se me ocurre y acabo de recordar una vieja historia que a modo de ejemplo, a continuación pasaré a relatar con detenimiento:

Un amigo del primo lejano de una chica que salía con el tío de un primo del hermano de mi tío abuelo, o sea de mi abuelo, había comprado una copa de lata. El decía que quien bebiera de ella en noche de luna llena tendría que pasar por un largo camino de sacrificios.
La copa la había adquirido en un bar de barrio. Manolo Goxtinourriera, era un viejo vasco que a mediados del siglo XX llego con su familia escapándose del asedio Franquista. Había puesto una pulpería en el barrio de Flores.
Los sacrificios a los cuales debería someterse quien cometiera el error de beber de aquella copa mentirosa, serian lapidarios. En principio, y respecto al hogar en el cual se efectuó la acción de sorber del “cáliz”, las cañerías del lugar comenzarían a cobrar vida propia. Esto quiere decir, los inodoros decidirán por motus propio para donde daría vuelta el agua al soltar la cadena, se taparían o efectuarían remolinos hídricos exteriores, algo así como que subiría la marea "hinodoril" hasta rebalsarlo y llegaría a cubrir el piso del sanitario en su totalidad.
Las puertas, inexplicablemente, comenzarían a desprender sus picaportes dejando dentro a los habitantes, los cuales sufrirían un escabroso exilio puertas adentro.
La humedad reinante, hincharía las ventanas y persianas, evitando su apertura.

Tomo en cuenta, que el avance en la tecnología constructiva ha contribuido.
Las aberturas de materiales “fríos”, llámese, aluminio, acero, chapa, etc. contribuyen a que este fenómeno no se produzca, pero no quedarían exentos a una inminente corrosión y posterior caída de los accesorios del hogar.
Por ello, recomendaría que, si usted esta por construir una nueva vivienda tome precauciones sobre lo que he citado anteriormente. No olvide que, nadie esta exento de la tentación de beber de una copa de estas… las hay por doquier, los gauchos que habitan la zona norte de la provincia de Santa Fe, aseguran que en las pulperías y fondas que se emplazan en el radio que nuclea las comunas de Montefiore, La Alpina y La Victoria, existen estas latosas copas, exhibidas como trofeos en las estanterías, y “prohibidas” para todos aquellos parroquianos que hubieran sufrido un desengaño.
Debajo de las mismas, en cada bar, suele haber un papel, manuscrito amarillento y corroído por el paso del tiempo que reza un poema taciturno que intenta esgrimir un conjunto de palabras que parecen no tener sentido y dice así:

No quiero ni lunas ni rubias,
Que aumenten aquel desconsuelo,
Se que saberlo es divino,
Y olvidarlo mucho más que eso…

En tu pecho yo vi la mentira,
De la verdad siempre escondida,
De ratones perseguidos por gatos,
Y de los perros acechando.

Yo no quiero más fábulas,
A este corazón maltratan sin reparo,
Yo tengo fuerte el alma,
Con tu amor voy a salvarlo.

Y no canto estos versos tediosos,
Para que un malinterpretado piense,
Que ser gaucho es ser solo,
Ser gaucho es amar siempre.

Porque nací del centro de la tierra,
La madre que nos dio la vida,
Y te llevo con tu sonrisa,
Intentando buscar en lo más alto,
Allí donde no hay llanto,
Y solo tus ojos brillan.

Porque mas que cariño lo mió es brisa,
Que sin esperar nada,
Busca en tu pecho la llave,
Que de a poco cure mi alma.

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